Redes Sociales

Especialmente en tiempos de campaña electoral, los partidos políticos y los medios de comunicación están envueltos en una relación amor-odio, sin posibilidad de extinción. Uno sin el otro no tienen sentido, por lo que hacer oídos sordos a la comunicación y a sus variantes, es conseguir de forma inmediata el fracaso político.

Apretones de manos, encuentros de los más variopintos o las legendarias inauguraciones, no son suficientes para ganar las elecciones. Y es que hace veinte años nadie se imaginaba que Internet fuera capaz de revolucionar el paradigma de la comunicación, de tal manera que, con un simple click, llegaras a cualquier usuario. Para suerte de muchos, y desgracia de otros, las armas de la red residen en las afamadas redes sociales: Twitter, Facebook o Instagram, entre otros, son medios impostergables que no perdonan errores de ningún tipo y que requieren una adecuación en formato y tiempos de las acciones requeridas.

En este 2015, que se vive con especial intensidad electoral en países como España, las redes sociales han adquirido un protagonismo en las campañas como nunca antes había ocurrido. Los partidos políticos han sido conscientes de que el noventa por ciento de los hogares españoles disponen de conexión a internet, así como numerosos soportes transportables como iPad o Smartphone con veinticuatro horas de “enganche” a la red. El resultado, mensajes políticos simplificados de cien caracteres, que se alternan con imágenes y notas de voz de cada uno de los pasos que da el político, en su agenda diaria.

Es evidente, pues, que la comunicación entre los partidos y los ciudadanos ya no sigue un simplificado esquema de mensaje – emisor – receptor, sino que obliga a un intercambio de críticas y opiniones entre los candidatos y el público objetivo, donde otros usuarios también pueden participar. De este modo, es de vital importancia ser transparente, saber trasmitir, y poner empeño suficiente en la parte que va detrás de las iniciativas: la comunicación.

Aunque aciertos y errores se pueden encontrar en todos los partidos políticos. En los últimos meses, partidos políticos nacionales como Podemos o Ciudadanos han sido pioneros en contextualizar y aplicar esta nueva conciencia comunicacional. Otros grupos como Izquierda Unida o los socialistas también han salido airosos de este acuciante fenómeno, pero quizás, UPyD o los populares han demorado más en subir al carro.

Tal vez, llegados a este punto, la pregunta intrínseca sería, ¿qué pasaría si los partidos se olvidan de la comunicación?

El caso de Unión Progreso y Democracia es, a lo mejor, uno de los más afectados en esta realidad política, y un buen ejemplo a relucir. Y es que la agrupación de Rosa Díez ha centrado sus objetivos en trabajar y proponer infinidad de alternativas, que luego, no se han comunicado. Su imagen distorsionada como partido de centro, entorpece con su mensaje, ya que no tiene una identidad altamente definida que compita con rigor, frente a otras fuerzas políticas, del escenario electoral 2015.

Queda más que demostrado que el partido centrista se encuentra bajo la soga de Ciudadanos que desmarca con un líder carismático, como es Albert Rivera, y con un fuerte equipo de comunicación formado por innumerables periodistas que engrasan sus propuestas, y figura, en mensajes partidistas a través de las redes sociales. Todo un pretexto que lleva al triunfo mediático de Ciudadanos.

Otro ejemplo práctico de esta vertiginosa carrera tecnológica sería el rifirrafe virtual mantenido la semana pasada entre los dos dirigentes políticos, Pablo Iglesias y Albert Rivera. La red social de Twitter se convirtió, por un momento, en volcán en erupción, tras un tweet de Rivera en el que señalaba a la formación de Pablo Iglesias como eje conductor de una campaña en redes desde Venezuela contra Ciudadanos. El líder catalán publicó también un documento como prueba, donde se trataba el análisis de actividad de los usuarios del hashtag #DesmontandoACiudadanos. Por su parte, Podemos no tardó en replicar que convendría que Rivera supiera cómo funcionan las redes antes de hacer cualquier acusación, y recordó el funcionamiento de los robots automatizados que se usan en redes sociales.

De este modo, en nuestros días, es más que obvio la fuerte trascendencia que tiene Internet y sus correspondientes herramientas en el flujo informativo y comunicacional en la política española. No obstante, esperemos a ver qué pasa a finales de 2015, aunque de antemano, los resultados del barómetro Centro de Investigaciones Sociológicas, del mes de abril, revelan a la cabeza, el PP (26,5%) y el PSOE (24,3%), que serían las dos opciones claras de gobierno. Asimismo, los resultados también reflejan la rápida y fuerte subida de Ciudadanos, diez puntos en apenas tres meses, que le dejan a sólo 2,7 puntos de la formación de Pablo Iglesias que desciende posiciones con un 16,5%.

Por lo pronto, guste o no, la revolución tecnológica es la praxis de la comunicación política moderna. Sin esta, los ciudadanos están expuestos al desconocimiento de objetivos. Olvidan los éxitos, comienza la estrepitosa caída del índice de votos, y un dudoso enjuiciamiento se apodera de los electores frente al líder político.