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Recientemente, el Papa Francisco ha reivindicado el papel de integridad en los políticos. De esta forma, ha criticado duramente a los políticos corruptos, señalando que «no serán felices en el más allá pues su corazón está podrido», y tampoco lo serán en esta vida.

A esto se suma que, en la última etapa de su viaje pastoral a la ciudad italiana de Molise, donde ha inaugurado el Año Jubilar Celestino, el Papa Francisco ha insistido en que hay regenerar el sistema político y económico actual en uno que garantice la dignidad de la persona humana. Propone la creación de un pacto de implicación de todas las fuerzas sociales y políticas para la creación de empleo, ya que el paro no sólo dificulta el sustento, sino que elimina el elemento constitutivo del ser humano: su dignidad personal.

Dicho pacto por el empleo ha de sostenerse en 4 pilares: la salvaguarda de la agricultura, la prohibición de la deforestación, la conciliación laboral con la vida familiar, y la consagración del domingo como día del Señor y de la gratuidad. Con esto, el Papa llama a proyectar un sistema económico diverso “que se centre en la persona, en el trabajo y en la familia”.

El Papa Francisco motiva a los jóvenes a aportar con “creatividad” soluciones para acabar con la crisis y el paro, y a mantener la esperanza y el coraje ante la situación actual. “Es triste encontrar a jóvenes, que no estudian ni trabajan, porque no pueden”, denunció el Papa Francisco. “Este es un problema que, todos juntos, tenemos que vencer. No podemos permitirnos el lujo de perder una generación de jóvenes que no tienen la dignidad del trabajo. El trabajo te da dignidad, y todos hoy debemos hacer todo para que no se pierda una generación de jóvenes”, porque “una generación sin trabajo, es un problema futuro para la patria y para la Humanidad. Debemos luchar contra esto, y ayudarnos unos a otros a encontrar una vía de solución, de ayuda, de solidaridad. Los jóvenes son valientes, tienen esperanza y tienen la capacidad de ser solidarios”.

El Papa Francisco criticó con dureza la sociedad actual, que fomenta “la cultura de lo provisorio”, que “no ofrece un clima favorable a proyectos de vida estable, de amor y de responsabilidad”, señalando a los líderes del sistema económico, financiero y político a nivel mundial como responsables de la situación de indignidad en la que vive el pueblo.