Selfies

La moda de los selfies atraviesa fronteras. Fronteras que transfieren del mundo de las celebridades al sector político. Desde que la presentadora estadounidense, Ellen DeGeneres decidiera, en la gala de los Oscar, demostrar el poder de las redes sociales con un selfie de once de los actores más populares del momento, la locura por este tipo de autofotos se ha generalizado en todas las esferas sociales, desde las Familias Reales Española, Británica u Holandesa a los presidentes: Correa, en Ecuador; Peña Nieto, en México; u Otto Pérez Molina, en Guatemala. También, primeros ministros como David Cameron, o la noruega Erna Solberg son habituales del uso de esta técnica fotográfica.

No obstante, hay que tener en cuenta que la tendencia de los políticos a salir permanentemente en fotografías como pieza del puzle de su estrategia de comunicación, puede convertirse en un elemento dañino para la imagen del dirigente, y por supuesto, para el partido.

Los autorretratos con gente anónima o personas conocidas, pueden engrandecer el perfil de un político o, también, perjudicar su trayectoria profesional. Según una asamblea celebrada el pasado mes de diciembre, en la Universidad española de La Laguna, Islas Canarias, ‘VI Congreso Internacional Latina de Comunicación Social’, los selfies no son la mejor forma de trasmitir una buena imagen ya que, al ser improvisados y sin preparación, a veces pueden jugar malas pasadas, así como distorsionar la percepción o idea de una determinada persona.

Qué mejor ejemplo que el del presidente norteamericano, Barack Obama y el selfie tomado con el jugador de béisbol de los Red Sox de Boston, David Ortiz, que fue utilizado para publicitar Samsung, sin su consentimiento. Este hecho provocó una tajante reacción de la Casa Blanca: reprender a la marca coreana, y limitar las autofotos con el presidente.

De este modo, hay que tener especial cuidado con la espontaneidad de esta nueva práctica comunicativa. Una simple foto con un desconocido podría generar polémica futura, si por algún casual, ese individuo del que hablamos comete un acto malicioso con notoriedad pública. ¡No es un hecho aislado! por desgracia, motivos similares han dañado la reputación de profesionales con excelentes carreras por delante.